Juan Luis cargando a su hijo de once años

La entrega de un padre. El valor de un hijo.

Conoce a Juan Luis

Conoce a Juan Luis y a su hijo de once años: una familia que enfrenta necesidades médicas complejas con entrega, gratitud y esperanza.

Juan Luis es padre de cuatro hijos. El pequeño en sus brazos comparte su nombre: Juan Luis, un niño de once años que vive con parálisis cerebral, convulsiones y necesidades médicas complejas.

La atención de su hijo va mucho más allá de una sola clínica. Juan Luis cuenta que lo acompañan 24 especialistas y terapeutas, incluidos equipos del Hospital del Niño Morelense y centros de rehabilitación en Guerrero. En casa recibe alimentación por sonda, tiene una traqueostomía, a veces necesita oxígeno y depende de medicamentos anticonvulsivos.

Una sola receta de oxcarbazepina cuesta 795 pesos y dura apenas seis días. También hacen falta sondas, otros medicamentos, citas de terapia y la vigilancia constante de un niño cuya respiración y convulsiones pueden cambiar sin aviso.

“Gracias a Dios, aquí seguimos.”

La vivienda de la familia no es segura. Mari Victoria explicó que la casa donde se alojan es prestada. Incluso en medio de esa incertidumbre, Juan Luis habla con ternura y gratitud, sosteniendo cerca a su hijo mientras explica todo lo que exige su cuidado diario.

El apoyo no puede quitar cada carga. Puede ayudar con la siguiente sonda, el siguiente medicamento y el siguiente día difícil, y recordarle a este padre que su familia tiene vecinos a su lado.

Juan Luis y su hijo compartiendo una sonrisa
Un momento de cariño entre padre e hijo.

En sus propias palabras

Un padre cuenta la historia de su hijo

Juan Luis habla en español.

Conoce a su pequeño

Juan Luis presenta a su hijo y al extraordinario equipo de especialistas y terapeutas que participa en su cuidado.

Los cuidados que necesita cada día

Un padre explica la sonda de alimentación, la traqueostomía, el oxígeno y los medicamentos que ayudan a mantener seguro a su hijo.

En sus propias palabras

La bendición de Juan Luis

Cierra con gratitud, una bendición y el deseo de que la bondad regrese multiplicada.

Gracias a Dios, aquí seguimos.

Ninguna familia debería cargar sola con todo.

Aquí sigue viviendo la bondad.