La comunidad no es solamente quien vive cerca. Es lo que ocurre cuando las personas deciden que una necesidad compartida nos pertenece a todos.
Una pequeña capilla y el muro que la rodeaba necesitaban mucha atención. Había que reconstruir y reforzar el muro. La capilla requería reparaciones, limpieza, pintura y una nueva capa de cariño.
Nadie llegó con todo lo necesario. En cambio, cada vecino aportó lo que pudo. Algunos llevaron materiales o dinero. Otros demolieron partes dañadas, amarraron varilla, movieron piedra, mezclaron concreto, construyeron moldes, cargaron cubetas, limpiaron, repararon y pintaron.
“Cada persona contribuyó a su manera, y cada contribución hizo avanzar el trabajo.”
Otros cocinaron, sirvieron comida, llevaron bebidas frías, animaron al grupo y cuidaron a quienes trabajaban. La comida y las risas importaron tanto como las herramientas y el concreto. Convirtieron una obra pesada en una verdadera jornada comunitaria.
Poco a poco, el muro volvió a ser fuerte y la capilla quedó reparada y renovada. Más importante aún, el trabajo hizo visible algo que ya existía: vecinos dispuestos a hacerse presentes unos por otros.






